Radio Hijo del salitre

miércoles, 4 de julio de 2012

Carta de Fernando Ubiergo al Consejo Directivo y al Presidente de la SCD.

                                                              Santiago 05 de enero 2009

Consejo Directivo
Sociedad Chilena del Derecho de Autor
Presente

Estimados consejeros.

Hace pocos días me he enterado por la prensa y sitios de Internet que,  con ocasión de una charla sobre los derechos de autor y la SCD que realicé en la ciudad de Antofagasta, invitado por el Consejo regional de Cultura, un periodista junto a los asistentes a dicho encuentro pudieron apreciar en la pantalla dispuesta para esa exposición, un mensaje que enviaba el propio computador y que señalaba que el programa utilizado no era original o copia autorizada.
Respecto de lo anterior señalo:
Que el computador, los programas y el power point utilizados son de propiedad de la SCD, quien lo ha dispuesto para el uso del presidente del Consejo
Que desconozco totalmente las causas técnicas o de cualquier índole que expliquen el bochornoso episodio.
Que he consultado a los ejecutivos de la SCD, y se me ha dicho que tanto este computador como los 150  que operan cuentan con los respaldos y garantías, con sus licencias respectivas y que investigan que pudo provocar tan lamentable hecho para poder entregar una respuesta aclaratoria sobre este hecho...


Por mi parte,  como presidente, y cara visible de esta organización, pienso que una institución de esta jerarquía y por la naturaleza de su que hacer debe ser ejemplo de idoneidad y absoluta transparencia en cada uno de los procedimientos y acciones y esto también alcanza sus consejeros, directores y ejecutivos.
No tengo dudas que esta es una sociedad rigurosa en este sentido y que cumple a cabalidad con todos sus procesos de forma eficiente. No obstante esto, no puede el presidente de esta organización verse expuesto a un episodio tan bochornoso y cuestionable, que despierte sospechas y alimente dudas no sólo sobre esta institución,  si no que enlodan y comprometen la causa de los músicos chilenos y, por cierto, mi imagen personal    
Lo sucedido me ha expuesto a ataques personales de los que no me puedo defender por que efectivamente las personas que me cuestionan tienen argumentos fundamentados y que para mi son irrefutables.    No puede ser que quien defiende los derechos de autor, realice una charla desde un computador con copia no actualizada, autorizada, o pirata. Algo tan simple y brutal como eso.  
En mi opinión, y más allá de la razón que haya provocado este vergonzoso incidente, el hecho se produjo, y considero un deber  moral asumirlo, responder con franqueza con todos los antecedentes del caso.  Las cosas no sólo deben ser, también deben parecer, y esto que ha sucedido se ve muy mal,  es un hecho impresentable.  
Estimo que el insólito episodio, que compromete la lucha por los autores,  demanda una respuesta, a la altura, que considere la gravedad de lo acontecido, sin minimizar nada,  pues una actitud de ese tenor sólo restará sustento moral  y debilitará la defensa de los derechos de los autores en el futuro.  El rol de presidente de los autores, elegido por estos, encarna los valores nobles de la creación y es justo eso lo que hoy está severamente dañado.
Lamento que este hecho ocurra precisamente en momentos en que he desplegado tanta energía por la causa de mis compañeros músicos y  de los otros oficios del arte.  Cuando consolidábamos una organización nacional de artistas que intenta enfrentar como una sola voz los enormes desafíos que nos afectan como trabajadores de la cultura.  Eso me duele.
Pero debo ser consecuente con lo que creo y por lo que he luchado tantos años.   Esta falta, error, o como quiera llamársele, debe ser asumida por nosotros como tal, sin esconder la cabeza,  por la dignidad y  la lucha de los artistas de Chile,  que es un bien superior permanente.
Por tanto lo primero que debemos exigir es que los responsables directos de este daño inmenso a la causa de los autores respondan claro, sin ambigüedades y con la verdad que lo único que corresponde.  
Estimados consejeros, es por lo anterior y en pro de la necesaria transparencia que debe sustentar una entidad como esta y también por mi propio honor,  es que comunico formalmente a ustedes mi decisión irrevocable, de renunciar a este cargo, en la certeza que ustedes, con más fuerza y sabiduría continuarán la misión.

Fernando Ubiergo  



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           Santiago Junio 2012

Alejandro Guarello:
Presidente 
Consejo SCD

Estimado Alejandro: 

En reunión previa y a la luz de los antecedentes hemos concordado en la necesidad de un acto de reparación a este ex presidente por parte de la administración de SCD para  restablecer la verdad sobre los hechos ocurridos con motivo de la, aun no esclarecida, presencia de un software ilegal instalado por informáticos de SCD en el computador asignado al Presidente del directorio para ofrecer una conferencia pública en la ciudad de Antofagasta; situación que motivó mi renuncia inmediata a la presidencia del Consejo Directivo.
La forma elegida, hemos conversado, debería ser una carta dirigida a los socios,  documento redactado con lenguaje honesto y que exprese un mea culpa de la administración.    Debo agregar que no parece pertinente la propuesta de realizar una cena junto a ochenta o cien socios, como me han planteado, pues no hay nada que celebrar mientras persista la anuencia inexcusable con que el Consejo Directivo observa estos hechos tan reprochables.   
La declaración de la actual Administración SCD, en su forma, debe considerar las materias que corresponden al ámbito exclusivo de su competencia según la orgánica de la Corporación, en primer término; reconociendo las graves faltas en que incurrió y en segundo término; ofreciendo claras disculpas al ex presidente; a los socios y al propio Consejo Directivo, por la situación agraviante y por el daño provocado a la imagen de la organización y a la causa de los autores.

La Administración debe disculparse:

1) Por la instalación, aun no reconocida, de un programa ilegal, o pirata, en el computador asignado al Presidente del Consejo. - por parte del departamento informático SCD -  y también por no haber sancionado al, o los funcionarios comprometidos. 

2) Por la instalación en ese mismo computador de un segundo software sin licencia -  denominado LOGMEIN - de control y acceso a distancia a dicho equipo; sin haber informado previamente al presidente o al Consejo de esta incursión sigilosa de la Administración. Un acto ilegitimo de acceso encubierto y no autorizado a información privada.   Este sofware de acceso remoto instalado en el equipo del presidente, hace totalmente  inexplicable la presencia del otro programa ilegal descubierto en Antofagasta dejando en evidencia el conocimiento previo que el departamento informático SCD tenía sobre la configuración de dicho equipo. 

3) Por que en medio de esa crisis la administración ocultó al Consejo Directivo  información relevante enunciada en los puntos uno y dos; impidiendo que el Directorio de entonces estuviera al tanto de la gravedad de los hechos y pudiera tomar decisiones informadas, cualquiera hubieran sido estas.  

4) Por inducir al Directorio a firmar una declaración pública que no reveló la verdad de lo ocurrido y que en ese momento ya era conocida por don Santiago Schuster; don Juan Antonio Durán y doña Tatiana Urrutia - los tres más altos cargos de la administración pasada -.  Esta declaración pública del día 05 de Enero de 2009, suscrita por todos los músicos del Consejo SCD fue redactada por la Dirección General que paradojalmente no la firmó; aunque era suya toda la responsabilidad administrativa del incidente.

5) Por ocultar indebidamente - La Dirección General -  La carta de renuncia de este Presidente, impidiendo que el Consejo Directivo, la comunidad de autores y los medios pudieran conocer oportunamente las causas y los fundamentos de mi renuncia contenidos en dicho documento.
                
Conclusión: 
Presidente, junto con reiterar mi absoluto repudio por los actos antes señalados;  
Asumo que es suya - de ustedes - la decisión de realizar un acto institucional de reparación para cerrar sanamente este triste capítulo en la historia de la SCD, y cuyo modo de enfrentarlo, quiéranlo o no, definirá a futuro la relación entre los autores y administradores en esta organización; Esta es una deuda de honor con los siete mil músicos que hoy representan y con sus propias conciencias.  
Comprenderá que es mi prerrogativa aspirar a la verdad institucional transcurridos ya casi cuatro años de impunidad ética, y es mi derecho demandar un gesto de reparación pública al rol que ejercí en representación de los autores y músicos chilenos.

                                           Atentamente
     
                                              Fernando Ubiergo

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